Día # 13 El último día que fue el penúltimo

Por: Mauricio Torres-Núñez

Amaneció y llegamos más temprano que de costumbre a Tierrabaja con el objetivo de ganar tiempo y de poder finalizar satisfactoriamente la intervención: a medida que fueron pasando las horas, nos dábamos cuenta que este, el día TRECE, no sería el último día.

El sol ardió con mayor esplendor, y las jornadas anteriores hicieron que el sudor se volviera espeso, la velocidad de comprensión aletargada, las decisiones se pensaban    dos veces más antes de tomarlas: el cansancio se hacía sentir quizá más que la temperatura,

aún más por el cielo descubierto de nubes,

también por el poco sosiego de los anocheceres.

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Cada equipo de personas se mantuvo con sus tareas casi sin cambios, tal vez era la manera que creíamos avanzaríamos este día de manera eficaz, aún así pienso fue la mejor alternativa. Después de estos días de taller,

cernir,

preparar la tierra, pisar

taladrar,

atornillar,

subir y bajar del andamio, taladrar y atornillar

serruchar y cortar,

cargar,

picar y cargar,

llevar,

y cargar y llevar

se habían incorporado en nuestros cuerpos y en la mente con una naturalidad acuciante.

Aún se veían miradas escépticas (también habían miradas ausentes), dando poco crédito a las habilidades apremiantes que se desarrollaron con pocas horas de vuelo. Algunas de esas miradas ayudaron con las manos, algunas por curiosidad, otras por buena voluntad, todas bienvenidas a un trabajo social que confirmó el viejo adagio de “la unión hace la fuerza” (también hizo lo suyo la testarudez).

Hacia el mediodía, a pesar de notarse la tensión por el tiempo que cada momento restaba más sus minutos, el grupo compenetrado se mantuvo siempre con talante sobrellevando las circunstancias. La colaboración no solo era evidente en las actividades propias, también en ofrecer agua para hidratación, para la chicha de arroz (que tanto le gustó a Fran y a José Luis), la Pony Malta (el delirio de Enzo), el café sin azúcar para Mejía y alguna que otra fruta que se compartía, aportando la sinergia necesaria que no dejaba desfallecer – imposible así fuera que la voluntad lo planteara-.

Este día TRECE se colocó la cubierta de la estructura, se avanzó muchísimo en el muro de quincha, las contenciones para el adoquinado se concluyó y se sembraron las pocas plantas que logramos conseguir y se anclaron protecciones en madera. Pensábamos finalizar la intervención, pero cuando el sol empezó a preparar su salida, a descender desde lo alto del cielo, se anunció que habría, inevitablemente, una jornada más; surgió inconvenientes con el montaje de la cubierta y se tuvo que desmontar una parte, nada complicado, sin embargo requería un extra-tiempo: volveríamos a Tierrabaja a otra jornada de trabajo y a inaugurar (o como quiera llamarse), claro.

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Volvería la melodía bajo el sol:

Cernir,

preparar la tierra, pisar

taladrar,

atornillar,

subir y bajar del andamio, taladrar y atornillar

serruchar y cortar,

cargar,

picar y cargar,

llevar,

y cargar y llevar.

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